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martes, 16 de septiembre de 2014

Entrevistamos Al Tío Que Se Coló En Coachella, Glastonbury Y Los Grammys




Marcus Haney nunca ha pagado para entrar a un festival. Hace réplicas de pulseras, se escabulle entre los guardias de seguridad y se pasea con confianza. Es cierto que lo han sacado a patadas de varios lugares, pero a menudo termina subido en el escenario principal, codeándose con las bandas y haciendo fotos únicas con su cámara.
En un periodo de 4 años, Marcus ha ido a casi 50 festivales por todo el mundo. Durante sus viajes ha trabado amistad con bandas como Mumford & Sons, ha tenido que meterse en los pozos negros de los festivales y ha conocido a un tío llamado Acid Chris.
Este no es su trabajo de todos los días. Haney trabaja para canales como HBO y hace vídeos de música. Pero de alguna manera, entre sus viajes en las carreteras norteamericanas haciendo autostop y su trabajo como uno de los fotógrafos más codiciados en el mundo de la música, encontró el tiempo para compilar cuatro años de experiencia en festivales y hacer un documental.
La película se llama No Cameras Allowed. Marcus me pidió que os dijera que el tráiler fue filtrado (la película ha pasado por las manos de varios becarios y se la pusieron a Chris Martin de Coldplay para ver si se la podía pasar a Michael Eavis), por lo que no es muy representativo de la pieza final. Me dice que faltan un par de nombres en los créditos que merecen una mención. Sobre todo los de Naked And Famous, con quienes entabló amistad hace un par de años y le pasaron algunas canciones para la banda sonora.
Llamé a Marcus para averiguar un poco más sobre la película, su vida y para preguntarle si piensa ir a la universidad o si se va a ir de gira por el mundo con alguna banda de fama mundial.

¿Alguna vez has pagado por entrar a algún festival?
Nunca he pagado. Todavía no. En realidad todo empezó porque Coachella estaba muy cerca, estuvimos hablando de eso durante meses y una chica del colegio que me gustaba muchísimo iba a estar ahí.
Todo empezó con una chica; clásico. Cuando fuiste a Coachella, ¿había alguien dentro que te ayudara a colarte o te las arreglaste para entrar tu solo?
Éramos mi amigo Adam y yo. No teníamos dinero para gasolina—conocimos a un tipo que se llamaba Acid Chris en Craigslist y nos ayudó a ponerle gasolina al coche. Nos colamos como a las 4 de la madrugada del viernes, vestidos todos de negro, saltamos la valla, y dormimos debajo de los tráileres. Nos resguardamos dentro de los baños portátiles hasta que el festival abrió por la tarde.
En el tráiler de la película se os ve haciendo versiones falsas de pulseras y entradas. ¿Qué otras técnicas habéis usado para entrar a los festivales?
Hemos hecho de todo. Todo. Desde saltar rejas hasta entrar con pulseras falsas y hacernos pasar por gente de seguridad o posar como si fuéramos artistas o gente de prensa. Desde correr por las entradas de camiones de carga hasta pasar por debajo de las rejas.
¿Qué ha sido lo más emocionante?
Siempre son esas en las que vas corriendo y saltando. Es la manera más rudimentaria de hacerlo, pero, cuando alguien te está persiguiendo muy de cerca y estás corriendo entre una marea de gente, es como una persecución de alta velocidad pero con el público vitoreándote.  

Leí una historia sobre un tipo que se coló en Glastonbury. Tardó tres días en saltar la valla.
En Glastonbury es donde ocurren las historias más locas porque es el que tiene más seguridad. Es como la joya de la corona de los festivales. Cuando me colé en Glastonbury tuve mucha suerte. Crucé una entrada de camiones mientras los de seguridad estaban ocupados con otras personas que se habían colado.  
Qué suerte.
Aunque seas el artista principal de la noche es muy difícil meter a alguien. El año pasado, Mumford & Sons eran cabezas de cartel y tuvimos que colar a alguien. Lo pusimos en el suelo del camión de la banda y por poco lo pillan.
La mejor que he escuchado es la de un tipo que aterrizó en ala delta en el festival. Un genio. Es bastante arriesgado viajar a Europa desde Estados Unidos sin una entrada para Glastonbury, ¿no? ¿Cómo fue eso?
Yo estaba trabajando para HBO. Tenía que cubrir los sanfermines. La grabación era de cuatro días pero alargué mi viaje. Viajé, dormí en sillones, hice autostop. Así fue como conocí a un tío que se llamaba Grim Grim, que sale en el tráiler.
¿Es ese tío que dice"Si alguna vez tienes la oportunidad de conocer a alguien como Marcus y te propone un plan que parece lo más estúpido, irracional, imposible e ilógico que has hecho en tu vida, hazlo"?
Sí. Grim Grim es un tío especial. Me recogió cuando estaba haciendo autostop para ir a Glastonbury, mantuvimos contacto, y desde entonces ha sido parte de mis aventuras por el mundo. Mira la foto de la portada del disco de Mumford and Sons. Si te fijas bien, en el fondo aparece él.  

Increíble. En el tráiler pude reconocer Bonnaroo, Glastonbury, y Coachella. ¿A qué otros festivales has ido?
Los que he podido meter en la película son Coachella, Bonnaroo, Glastonbury, Ultra, el Railroad Revival Tour—que además fue mi primera gira. Pero mi parte favorita de la película es la secuencia de los créditos, en la que se ve cómo entré furtivamente en los Grammys.
¿¿¿!!!Cómo coño te cuelas en unos Grammys????!!!
Fue difícil. Requiere mucha observación para escoger el instante preciso para poder pasar por seguridad, escáneres, detectores de metal e ir directos hasta la planta de los nominados, que es en donde se sienta todo el mundo. Los chicos de Mumford estaban ahí. No les dije que me iba a colar. Me presenté con un esmoquin que compré en una tienda de segunda mano. Cuando me vieron ahí se volvieron locos. Me dejaron sentarme con ellos. Fue una locura. Muy surrealista.
Hablando de Mumford, ¿cómo llegaste a conocerlos?
Fue después de Coachella. Me había colado, había hecho fotos de muchas bandas que me gustaban, y luego hice un cortometraje titulado Connaroo, que iba sobre colarse en Coachella y Bonnaroo. Le pasé la película a un ayudante de gira en uno de sus conciertos porque la banda aparecía en el corto y le dije: “Si te gusta, pásaselo a la banda. Si no, tíralo a la basura.” Ni siquiera pensé que lo vería. Pero lo hizo. Y se lo dio al grupo. La banda se lo dio a su manager. El manager se lo dio a Edward Sharpe. Edward Sharpe lo vio, y todos me invitaron a su gira. El único problema era que en esas mismas fechas yo tenía que hacer mis exámenes finales de la universidad. Tuve que escoger entre graduarme o subirme a ese tren. 
Escogiste el tren. ¿En qué carrera estabas?
En producción de cine. Todavía hoy no me he graduado. 
En el tráiler hay una parte en la que se ve cómo te sacan de un festival. ¿En qué situaciones has estado cuando alguien te pide que te vayas y cómo te enfrentas a eso?
Te sacan mucho a patadas. Mientras le des la vuelta a la tortilla y te lo tomes con una actitud diferente, no hay problema. Lo más difícil fue en Bonnaroo 2010. Me sacaron el domingo, me metieron en un camión de carga como de ganado y me sacaron de allí. Terminaron dejándome como a 6 kilómetros del lugar, en medio de la nada, y se fueron. Pero ese ha sido el peor. Aparte de eso, me han esposado, pero nunca me han arrestado.

Después de colarte en Coachella, ¿qué fue lo que te animó a seguir colándote en festivales? ¿El hecho de que podías entrar gratis?
Para empezar, Coachella me rebasó por completo. Me lo pasé tan bien. Muy, muy bien. Subí mis fotos de Coachella a Facebook y una amiga que era becaria en Bonnaroo las vio. Se las pasó a su jefe, él les echó un ojo y contactó conmigo.
Vale.
Me dijo: “Nos gusta esta foto de Jay Z. ¿Te importa si la usamos con fines promocionales o algo?”. Y le dije: “¡Sí! ¡Genial! ¡Adelante!”. Me dijo que no podía pagarme pero que me daba pases para Bonnaroo. Vendí uno de los pases y usé ese dinero para cubrir los costes del viaje. El problema era que el pase que tenía no era de prensa, por lo que no me dejaban entrar con la cámara. Al final no utilicé la entrada y me colé.
¿De ahí salió el nombre de tu película, No Cameras Allowed?
La frase está en muchos lugares. En los conciertos, en los laterales de los escenarios, en los lugares en los que no está permitido grabar ni tomar fotos. 
En el tráiler hablas del conflicto moral que supone colarse en un festival. ¿Alguna vez te has sentido mal? O más bien piensas “a la mierda, voy a todos los festivales sin pagar, está de puta madre”.  Yo, personalmente no creo que sea algo malo. Ya hay mucha gente que paga por entrar en festivales.
Lo primero en lo que pienso es que no le estoy haciendo daño a nadie. Pero, ¿estoy robando? ¿Estoy robándole a Coachella la oportunidad de ganar dinero? Pues no. Las entradas de Coachella se agotan. Luego pienso: ¿hay alguna manera de darle la vuelta a esto y hacer de la situación algo que ayude? 
Viendo el tráiler, parece que la película trata sobre un tipo que se cuela en festivales, pero en realidad se trata de algo que sucede en el mundo de la música. De alguna forma, es una carta de amor a estos festivales. Y los muestra en un esplendor tan especial que mi objetivo es provocar que la gente que lo vea quiera ir a tener esas experiencias ellos mismos. No hay manera de traducir la experiencia de la música en vivo a una película.
Tienes razón. Cada vez que vuelvo de Glastonbury, no se lo puedo explicar a nadie que no haya ido antes.
Es inexplicable. No puedo intentar plasmarlo en la pantalla, pero sí puedo provocarle a la gente las ganas de vivirlo por su cuenta.
Claro. Última pregunta, ¿cuál es tu festival favorito?
Glastonbury.
Excelente respuesta.
Los estadounidenses van a Coachella y piensan que es el lugar más feliz del mundo. Pero si alguna vez quieres tener una experiencia completamente fuera de este mundo, tienes que ir a Glastonbury. Tienes que ir durante ocho días si quieres tener la experiencia de tu vida. Así de absurdo es. La gente no lo entiende. Vas a Coachella y no hay nada que hacer más que ir a los escenarios. Glastonbury es como Alicia en el país de las maravillas.
Yo lo llamo Disneyland para adultos.
Es una locura, tío. Nunca haría nada que pusiera en riesgo lo que hacen; alabo su labor. Dios salve a la familia Eavis.
Gracias, Marcus.
Todas las fotos de este artículo son de Marcus. Puedes ver todo su trabajo aquí.

Fuente: http://www.vice.com/es/read/entrevista-marcus-haney-no-cameras-allowed?utm_source=vicefbes

jueves, 28 de agosto de 2014

Entrevista a Simon Reynolds Autor Del Libro Sobre La Cultura Electronica "Energy Flash"

Fantástica entrevista que se hace al autor de Energy Flash, libro que trata sobre la cultura de clubes y electronica en el mundo, las respuestas son bastante buenas tanto que parece que no se habla de música aunque ese sea el tema de la entrevista.


Podría parecer un profesor de instituto. Ese que un alumno puede encontrarse una noche en un concierto luciendo la camiseta de alguna discográfica rara. Y, de algún modo, Simon Reynolds, uno de los críticos culturales y articulistas musicales más relevantes de las últimas décadas, es precisamente eso.
Nacido en 1963 en Londres, montó su primer fanzine musical mientras estudiaba historia en Oxford. Y, a partir de entonces, ha sabido conjugar la erudición académica con la cultura pop, sin renunciar a la vivencia en primera persona de nuevos brotes musicales, calibrando su impacto social y teorizando sobre su pasado, futuro y presente. Horas antes de dar una conferencia en el Sónar, cuando escruta la carta de un restaurante japonés de la Plaça Espanya, pide un té pero rectifica sobre la marcha y se decanta por una cerveza, quiebro que repite cuando parece que engullirá unos yakisoba (fideos) y los cambia por un plato de yakimeshi (arroz frito). “Se parece un poco a la paella, ¿no?”, pregunta. Queda claro que se plantea cada detalle (rumia cada respuesta y explora caminos contradictorios) y que sólo es la segunda vez que viene a Barcelona. La primera, en 1998, justo el año que publicó la primera versión del libro titánico (algo así como la biblia de la música electrónica) que hoy viene a presentar: Energy Flash. Un viaje a través de la música rave y la cultura de baile (Contra), sólo visitó las Ramblas, los edificios de Gaudí y el Mercado de la Boquería: “Suena muy turístico, pero es que cuando un extranjero llega a una ciudad sólo quiere saber cosas del pasado de ese sitio”.
Quien dice eso es este ensayista fundamental, con polo holgado y gafas de pasta cautas, que acuñó el término “Retromanía” para hablar de una cultura popular, la nuestra, varada en el reciclaje continuo e inane de su propio pasado: “Así termina el pop, no con un bang sino con una caja recopilatoria cuyo cuarto disco nunca llegamos a escuchar”.
Pregunta. El libro explica el auge de las raves justo en el tramo final de los gobiernos de Margaret Thatcher, cuando centenares de miles de personas montaban fiestas ilegales en carreteras como la M25 y bailaban juntas. ¿Cree que era una especie de respuesta, de elogio del sentido de comunidad, a ideas de aquella época como “Ya no existe la sociedad, sólo los individuos y las familias”?
Respuesta. Sí, así fue. Antes existía ese espíritu en protestas como las de los mineros, pero más adelante lo único que mantenía junta a Inglaterra era el fútbol. Y fenómenos culturales como las raves, en los que se percibía un sentimiento de unidad muy liberador. Aunque, claro, tampoco es que todo el país estuviera bailando en descampados y además fue un impulso común casi utópico que pronto se disgregó por clases, razas, géneros, sexualidades….
P. También defiende que era un fenómeno muy político, pese a no lanzar mensajes en sus letras como sí hacían bandas de la época como The Smiths. Pero es que Morrissey se quejaba por la debacle de una sociedad posindustrial mientras que la cultura rave ocupaba esas fábricas abandonadas…
En fenómenos culturales como las 'raves' se percibía un sentimiento de unidad muy liberador"
R.  Sí, hay algo de que la acción puede hablar más alto que las palabras. Además esa música electrónica contenía, en algunos casos, o un sentimiento de fraternidad o una visión muy oscura de ver la sociedad. Y a menudo empleaba frases de películas que sí lanzaban mensajes. En todo caso, Morrissey en la televisión cantando Margaret on the guillotine también tenía mucho impacto y era muy útil.
R. Bob Stanley, músico y también ensayista muy lúcido, dice en su libro Yeah Yeah Yeah que las canciones instrumentales triunfaron en la Gran Bretaña de los cincuenta porque la gente estaba harta de los horrores de la Segunda Guerra Mundial. ¿Podría explicar eso el éxito de esta música en el tardothatcherismo?
R. No sé si la música instrumental es intrínsecamente más escapista, pero desde luego está más abierta a la interpretación. No exige nada de tu cerebro, sino de tu cuerpo, y eso es político también. Además, a veces lanza conceptos vagos que remiten a una especie de paraíso sin problemas, al que acceder por la música y por el éxtasis. No va sobre algo, no explica una historia, pero propicia una experiencia que sí encierra un mensaje.
P. Como cuando explica que las raves fueron el lugar en el que por primera vez los chicos rudos de clase trabajadora entraron en contacto con la cultura gay…
R. Quizás en el sur de Europa los hombres se tocan más o se saludan con besos en las mejillas. Pero eso era impensable en Gran Bretaña. De repente, en ese entorno y con pastillas de por medio, empezaron a abrazarse y de algún modo adoptaron gestos, por ejemplo bailando, más femeninos, pero lo que no sé es si eso luego comportaba que en su vida dejaran de ser menos sexistas. Aun así, sí creo que abrió un poco algunas mentes y se perdieron algunos rasgos muy fríos de lo británico…
P. Es que el éxtasis puede ser milagroso. Irvine Welsh (autor de Trainspotting) me explicaba el otro día que la primera vez que vio en persona a Thatcher iba algo colocado de éxtasis. La vio en el Hotel Dorchester, desayunando, y quiso abrazarla después de haberla demonizado en todas sus novelas…
R. (Risas) Bueno, supongo que la vio muy frágil y vulnerable y hasta él sintió algo de empatía. Me gustan sus historias de Acid, relacionadas con este tema, pero yo aquí no quería hacer ni un libro de memorias de noches tóxicas ni tampoco un ensayo académico.
P. Aquellos que habían padecido más son los que hicieron los géneros menos elitistas y los que a usted más le interesan, como el hardcore británico, impulsado y bailado por gente de clase trabajadora. ¿Cree que eran más futuristas y arriesgados precisamente por no tener en cuenta conceptos como el buen gusto o el canon de lo aceptable?
R. Yo puedo disfrutar de música muy elaborada, con melodías trabajadísimas y mucho esmero en el sonido. Pero sí, creo que si tienes demasiado buen gusto, tu música no tiene sabor. Es como con la cocina [mira su plato de arroz, insiste en que se parece a la paella]: en esos restaurantes de cocina-fusión siempre falta algo. Son platos muy inteligentes pero les falta funk, encanto. Los platos más sencillos son con sabores más de la tierra.
P. En el libro emplea la técnica del observador-participante. ¿Cómo podía llevarla a cabo con éxito en medio de esas fiestas multitudinarias? ¿Bailaba con libreta?
R. ¡La verdad es que sí! [Risa] Y lo que es peor, bailaba señalando las nubes, los focos o a la gente con el bolígrafo. Recuerdo mi primera rave. Iba con un éxtasis realmente bueno y se me ocurrió la idea de hacer una crónica colectiva: todos mis amigos explicarían sus visiones…. Luego la publiqué en el Melody Maker y era muy buena, la verdad. No les dije nada porque se cobraba muy poco [risas].
Mucha gente vive en Internet. Jamás podrá ser lo mismo que un grupo de gente en una habitación botando y sudando juntos"
P. Ahora quizás no lo viviría de ese modo. ¿Hay que escribir sobre todo sobre esos fenómenos de los que de algún modo uno forma parte o entiende bien?
R. Mira, hace poco mi sobrina me convenció para venir conmigo a una rave. Es menor de edad, así que tuve que inventar mentiras para que pudiera entrar. Lo pasé fatal. Además se pasó todo el rato haciendo fotos y chateando con sus amigas. Yo parecía un viejo cascarrabias, diciéndole: ¡Eso está mal! ¡Disfruta de esta experiencia! ¡Aquí y ahora!
P. Quizás el acceso a información puede resultar paralizante y la conectividad puede arruinar la colectividad en un lugar determinado. Internet ha acabado, de algún modo, con las escenas musicales de regiones concretas…
R. Pero es que mucha gente vive en Internet, ésa es su localización y ése es el mundo real. Yo creo que jamás podrá ser lo mismo que un grupo de gente en una habitación botando y sudando juntos. Y yo lo vivo como algo muy cansado que no permite experimentar de una forma profunda. Siempre hay la presión de moverse hacia otro lado, de saltar a otra ventana. A veces llego a la noche y estoy exhausto y no he hecho nada de provecho…
P. Es la edad.
R. [Risas] Sí, es indudable que si creces con esa cantidad de información te parece normal. Además es un debate que existe desde siempre. En los sesenta, cuando veías un programa cómico y luego imágenes de Vietnam, experiencias muy desconectadas, rápidas, traumáticas, piensas: ¿Cómo podía la gente procesar esas emociones contradictorias? Ese debate ludita y ese miedo a la aceleración de la cultura ha existido siempre.
P. Eso debe de pensar su sobrina.
R. Sí, pero yo no me acostumbro. Cuando queda conmigo puede estar bajando música, leyendo un artículo, escuchando música, hablando con amigas que están a un millón de kilómetros y pensando que le puede prestar atención a su tío. ¡Y me da pena! Estábamos muy unidos, nos entendíamos tan bien [risas]... Y ahora tengo que competir por su atención con todo el planeta.

Fuente: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/08/19/actualidad/1408445448_645110.html

domingo, 3 de agosto de 2014

El Lado Oscuro De La Venta Anticipada

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Después del maremágnum que uno está viendo en las redes sociales organizado alrededor de festivales y eventos que están cancelando, un elemento como el que suscribe observa con cierto estupor y un cierto grado de indignación todo lo que está aconteciendo y en cierto modo, siente la obligación moral de escribir acerca de temas que sean de interés general y que sirvan con carácter informativo a los usuarios.
Para un “profesional” del sector (porque parezca o no, así me siento) la situación de miles de clientes y usuarios, su indignación y sobre todo el problema generado alrededor de todo esto, es un estilete clavado a fuego en mi modo de hacer las cosas, y eso, directamente, y quiera o no, afecta sobremanera al devenir de mi día a día, y a mi trabajo, que una vez más se ve afectado de manera indirecta, lo que no deja de ser enojante y muy preocupante en el mejor de los casos.
Pese a que a muchos les gustaría que este texto sea un “embarramiento”, me voy a limitar a explicar el porqué pasan estas cosas y cuales son los automatismos que al consumidor final le pueden valer para evitar encontrarse con un palmo de narices y su dinero en bolsillo ajeno, sin recibir la contraprestación pactada en la compra de sus entradas y los mecanismos de la venta anticipada a modo informativo, para que cualquier persona pueda entender porque se llega a esta situación, y que debe hacer si quiere asistir a un evento, y blindar su dinero en caso de cancelaciones, así y de un modo muy directo, espero poder ayudar a todos aquellos que van a adquirir una entrada anticipada, lo hagan en las mejores condiciones posibles, y tengan la tranquilidad de que en caso de cancelación, recuperen su dinero rápida y cómodamente.
Conste, que mi única intención es explicar a los usuarios como funciona el esqueleto del ticketing para que desde el conocimiento puedan optar por hacer lo que estimen conveniente. Evidentemente, todos tenemos un modo de ver las cosas, y yo tengo el mío al respecto, pero sobre todo lo que deseo es que “mis” clientes (porque alguna vez lo han sido) no se sientan engañados y conozcan de primera mano el funcionamiento de la venta anticipada, porque al fin y al cabo ellos son los que me dan de comer.
TICKETING ¿Cuál es la diferencia?
En el negocio de las ticketeras de eventos como en todo lo demás, existen dos tipos de empresas. Unas las solventes y fiables de toda la vida y otras que han ido apareciendo como las setas, que ejecutan el proceso de compra pero que no aportan garantías de ningún tipo al usuario.
La gran diferencia entre unas y otras es tan sencilla como poco evidente para el consumidor. Mientras que las grandes ticketeras garantizan la devolución a sus usuarios y son más caras en sus gastos de gestión, las otras ofrecen “aparentemente” el mismo servicio más barato.
La realidad es muy diferente en el funcionamiento interno de las mismas, ya que TICKETMASTER, TICKETEA o ENTRADAS.COM (entradas el Corte Inglés lo desconozco ya que no he trabajado nunca con ella, pero me imagino que también) garantizan la devolución de las entradas ya que el dinero de las entradas que venden queda retenido para la promotora hasta una semana después del evento, y solamente se puede detraer avalando la cantidad que se solicite a la misma.
Así, el usuario está blindado ante una posible cancelación, y recibe la devolución de manera directa en su cuenta o tarjeta en caso de compra online, o bien retira el dinero en el punto de venta donde la adquirió, evitando disparates como el que estamos viendo todos con festivales y eventos cancelados. Resumiendo: hasta que no finaliza el evento, la promotora NO RECIBE ese dinero de las entradas.
Así mismo cualquiera de estas empresas con solvencia demostrada, pertenecen a Sociedades Anónimas con un fuerte potencial económico que no permiten desastres como el generado en festivales y eventos que al venirse abajo arrastran a sus clientes en su propia podredumbre.
La otra cara de la moneda son portales como Entradas a tu Alcance,  Ticketbox (que si bien no liquida directamente, si lo hace parcialmente y sin aval sobre esta) o Marcas Blancas variadas (las primeras que me vienen a la cabeza mientras escribo), que se presentan como portales de venta de entradas pero que únicamente hacen de intermediarios en el proceso de compra.
Esto significa que al adquirir una entrada en cualquiera de estos portales, el dinero del cliente va directamente a la cuenta del promotor de turno, el cual no tiene que avalar absolutamente nada para recibir los miles de euros que se generan, y por lógica, en caso de que exista un problema, se desentienden completamente de la devolución, y por tanto ni siquiera actuan como mediadores en conflictos de devolución.
A nivel Legal… ¿es posible que una TICKETERA no garantice la devolución?
Hasta donde yo sé, sí. Increíble pero cierto, otra cosa es que la empresa marque unas normas de trabajo en las que por motu proprio lo garantice, pero no existe regulación al respecto.
Hablar de estafa en estos casos es un error, ya que en ningún caso se intenta estafar al usuario, sino que el poseedor de una entrada anticipada se convierte en un acreedor del evento, y entra en el proceso de pago de cualquier empresa, pudiendo tener que esperar una suspensión de pagos de la misma si por un casual el importe de esas entradas ha sido destinado a pagos del festival y no tiene líquido suficiente para asumir su deuda.
Los Relaciones Públicas … una marca Blanca más
El mismo caso que con las ticketeras de segundo orden, tenemos con los relaciones públicas. Todos tenemos un amigo que vende entradas para uno u otro evento, pero la situación ante un problema es similar a la que comentábamos anteriormente con las ticketeras que no controlan la gestión de los fondos que se generan con la venta de entradas. Por tanto la situación en caso de conflicto es la misma o incluso peor ya que no hay cargo a ninguna cuenta o tarjeta que demuestre el pago de la entrada.
GASTOS DE GESTIÓN, la panacea de la venta de entradas anticipadas
Es fácil pensar que porqué uno va a pagar más por adquirir una entrada en un sitio que otro cuando la entrada es la misma y me da derecho a lo mismo, y esto no es cierto.
Un usuario que quiera una gestión integral con su dinero a salvo debe primero informarse de a que le da derecho ese gasto de gestión y si con el mismo se garantiza la devolución en caso de problemas. Un 10% del precio de la entrada puede ser mucho o poco dependiendo de si hay problemas o no.
Cuando uno adquiere una entrada bien en una marca blanca o bien por medio de un Relaciones Públicas, inconscientemente adquiere un riesgo intrínseco en la misma, A NO SER, que estén avalados por una promotora que tenga liquidez suficiente para hacer frente a las devoluciones de manera contrastada; esto nos puede dar un punto de inflexión a la hora de adquirir tu entrada anticipada. Si confías plenamente en quien hace el evento no habrá problema, pero si por el contrario tienes alguna duda, la decisión está muy clara.
El proceso de reclamación de una devolución, por desgracia en estos casos se alarga en el tiempo y rara vez es satisfactorio para el usuario. El pagar más a veces, ayuda a que tus derechos y sobre todo tu dinero esté garantizado, y eso en los tiempos que corren, a mi juicio es bastante importante, no obstante hay que decir que en el sector hay empresas tremendamente serias que han hecho devoluciones casi instantáneas en estas condiciones, y por tanto, no es sinónimo de problemas.
Por otra parte, los gastos de gestión no están garantizados en la devolución de la entrada a los clientes en ninguna ticketera. Dicho coste debe ser reclamado en caso de estimarlo oportuno a la promotora del evento. Hay que enteder que un gasto de gestión es el generado por la emisión de la entrada y la gestión de la devolución de la misma en caso de cancelación( en las ticketeras que si se ocupan de garantizar la misma) , no como parte del precio final de la entrada, y que por tanto es el seguro que uno tiene para primero saber que la entrada es oficial y segundo para recibir tu devolución del modo más rápido y cómodo posible.
Mi experiencia en Devolución de entradas a modo de ejemplo
En mi caso, mi experiencia más dolorosa fue la cancelación de THE HACIENDA EN MADRID.
Llegado el mes de septiembre, los promotores, inversores, descapitalizaron la empresa y dieron suspensión de pagos, con lo que directamente tuve que cancelar el evento. La gestión de ticketing corría a cargo de TICKETMASTER, con lo que después de dada la orden de devolución por nuestra parte, en 72 horas se restituyó el importe de las 1100 entradas vendidas hasta la fecha.
MI CONCLUSIÓN
Ya supone un problema terrible en si mismo la cancelación de un evento, con unos costes elevadísimos, pero al menos hay que garantizar el dinero a quien confía en ti y tus proyectos. Ese es mi modo de pensar y de actuar cuando la decisión corre de mi cuenta.
Entiendo que ahorrar algo de dinero en la compra de tus entradas siempre es atractivo y puede hasta ser el motivo para que tomes una decisión, pero si de verdad quieres no tener problemas no juegues con fuego. Nadie hace un evento para tener que cancelarlo, pero a veces las circunstancias te llevan a tener que entrar en un proceso de estas características y muchas veces el mismo se va de las manos.
Si confías en el evento, adelante, compra a tu Relaciones o tu marca blanca de ticketing (existe una marca blanca de Ticketmaster por cierto que nosotros usamos en 4Every1 con devolución garantizada), pero sino no te la juegues, y compra donde te garanticen responsabilidad y seriedad. 3 o 4 euros no son nada en caso de problemas, créeme.

Fuente: http://pablodemonio.wordpress.com/2014/07/26/el-lado-oscuro-de-la-venta-anticipada/#comment-26

viernes, 20 de junio de 2014

Pierde Un Dedo En Una Rave Y Sigue De Fiesta Porque "La Música Lo Petaba"

Pierde un dedo en una rave y sigue de fiesta porque "la música lo petaba" | PlayGround | Actualidad Musical

Nada iba a arruinarle la noche de fiesta a Josh. Ni siquiera una amputación. El pasado sábado, este adolescente de 16 años perdió el dedo meñique de su mano al intentar arrancar una alarma de incendios en una rave ilegal en el londinense barrio de Croydon. Y a pesar de ello, siguió bailando. Lo más increíble de todo es que afirma que estaba totalmente sobrio cuando ocurrió.
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En una entrevista a Vice, Josh ha explicado cómo ocurrió todo:
“Sobre la 1 de la madrugada estábamos en la sala house, pero en realidad no me gusta el house así que estaba esperando a que llegara el drum'n'bass. Tan pronto lo oímos, mis colegas y yo bajamos. Cinco minutos después, saltó la alarma de incendios y todo el mundo empezó a decir, “¡arrancadla!, ¡arrancadla!”. Así que pensé que lo iba a probar. Estaba completamente sobrio en ese momento. Salté, la agarré y mi dedo pequeño se quedó atrapado en la carcasa porque estaba rota, y cuando la quise arrancar hacia abajo, mi dedo pequeño se arrancó completamente”.
El dolor, sin embargo, no fue un impedimento para seguir de juerga. Preguntado por qué hizo inmediatamente después esto es lo que cuenta:
“Tenía tanto dolor y estaba en tal estado de shock que la primera cosa que me golpeó fue el ritmo y el bajo. El bajo era duro, así que simplemente me arranqué la camiseta, la enrollé alrededor de mi dedo lo más fuerte que pude y seguí bailando durante media hora. Mi mentalidad era, 'solo llevo una hora aquí, he pagado 10 libras por esta noche, he perdido mi dedo pequeño: ¿en serio me voy a ir? Nah, seguiré bailando hasta que no pueda bailar más'. Después de eso mi colega me llevó al ambulatorio”.
El chico preguntó al médico si le podía poner una venda para “poder seguir de fiesta” pero éste le informó que debía ir al hospital inmediatamente. Una vez ahí, colgó una foto en Instagram con su mano vendada y sujetando un cigarrillo de liar. Según le explicaron sus amigos, “un grupo de fumetas encontró mi dedo y estuvieron jugando con él”.
No todo fueron risas y diversión en la fiesta. Aparentemente la policía fue agresiva en su intento de detener la rave, hasta que decidieron permanecer fuera del recinto cuando tomaron consciencia de que había demasiada gente. Según informa la BBC, Rio Andrew, de 15 años, murió el lunes tras haber asistido a la fiesta. La policía sospecha que su muerte podría haber estado provocada por el consumo de drogas.
Es por ello que Josh quita hierro a lo que le ha sucedido. “Simplemente pensé, 'a veces ocurren imprevistos'. Realmente, no es nada: he perdido un dedo pequeño mientras que un chico de 15 años ha perdido la vida. ¿De qué me quejo? Mi corazón está con su família y amigos. Es desgarrador”.
Un tipo inspirador este Josh. ¿Su lección de vida? “A la mierda, vamos a bailar y pasarlo bien”.

Fuente: http://www.playgroundmag.net/musica/noticias-musica/actualidad-musical/pierde-un-dedo-en-una-rave-y-sigue-de-fiesta-porque-la-musica-lo-petaba

miércoles, 11 de junio de 2014

Clubcast: DJs En Streaming Para Clubs

Esto de los Dj's sigue con su engaño que desde mitad de los 90 se empezo a popularizar, el ser moderno y engañar creo que para vez es mas parte de lo mismo, en cualquier ambito de la misma aqui un a prueba de un modelo de empresa llevado al mundo de los dj's lo importante es vender el producto a costa de todo.

Tommy Trash Live Clubcast

Tommy Trash pinchando en streaming para un evento Clubcast en Motebello.
 
Mixify es una empresa neoyorquina que se ha hecho popular ofreciendo streamings en directo de actuaciones de importantes DJs, especialmente DJs pertenecientes al movimiento mainstream conocido como EDM. Desde 2012, la empresa ha realizado streamings de audio, de vídeo y "visual streamings" (una retransmisión de audio con efectos visuales sincronizados), combinados con chats en los que los fans interactúan con los DJs. La popularidad de la empresa no ha parado de crecer gracias a la explosión del sonido EDM en EEUU, algo que les ha permitido obtener unos cuantos inversores (fondos de capital y DJs populares como Tommy Trash han apostado fuerte) para dar el siguiente paso y ofrecer un nuevo servicio llamado Clubcast, que permite que los responsables de la programación de los clubs, en lugar de contratar a un popular DJ para actuar en persona en su club, contraten una retransmisión en directo exclusiva del DJ. 
Clubcast asegura un streaming con imagen y son
ido de alta calidad "en dos direcciones", lo cual se refiere a que el el público ve al DJ en su cabina en una pantalla gigante, mientras el DJ ve al público también en una pantalla para poder observar sus reacciones y decidir el rumbo de su sesión. Evidentemente estos streamings para clubs son muchísimo más baratos que la contratación del DJ "en persona", lo cual permite que cualquier club pueda contar con la "presencia" (por llamarlo de alguna manera) de cualquier DJ, aunque sea un club de presupuesto modesto. Mixify no solo ofrece el streaming, se encarga de todo el proceso de contratación del DJ, promoción y producción del evento.
http://www.youtube.com/watch?v=16TeNKgMBWg&feature=player_embedded


Fuente: http://www.hispasonic.com/noticias/clubcast-djs-streaming-para-clubs/39367

martes, 24 de diciembre de 2013

Madrid, Cementerio De Conciertos

En la nueva Ley de Espectáculos Públicos de la Comunidad de Madrid, aprobada el pasado viernes, las únicas cifras que engordan son las sanciones, que pueden llegar hasta los 900.000 euros

Concierto

Es la cruda realidad que vive la música en directo en nuestro país, y más concretamente de los conciertos de pop y rock. Aún no recuperada del descenso de ingresos por la venta de discos, la industria de la música tuvo que asumir una crisis del live condicionada por la bajada en picado del consumo en el terreno del ocio y la subida del IVA cultural.
Estos son los números y las razones de un sector al que las administraciones abocan a la caída libre.

1. La subida del IVA y su efecto sobre el directo

El 1 de septiembre de 2012, el Ministerio de Hacienda hizo efectiva la subida del IVA cultural: de un 8% al 21% actual. El tipo contrasta con el aplicado a espectáculos musicales en países como Francia (5,5%), Alemania (7%), Irlanda (9%) o Portugal (13%), si bien es cierto que el del Reino Unido se asemeja al del caso español (20%) y que Italia incluso lo supera (23%).
Para Pascual Egea, presidente de la Asociación de Promotores Musicales (APM), "la subida se ha traducido en falta de competitividad con respecto al resto de los países de nuestro entorno, lo que ha provocado una disminución de actuaciones de artistas internacionales en nuestro país y, en consecuencia, un descenso en la compra global de entradas. Esto a su vez incide negativamente en el desarrollo de nuevos artistas nacionales, puesto que la desaparición del margen económico de los empresarios impide invertir en nuevos talentos".
Traducido en números, y a falta de las cifras del año todavía en curso, de septiembre a diciembre del 2012 el descenso en la venta de entradas fue de un -28,92%. No debería ser una sorpresa, porque ya había pasado unos meses antes en Portugal. Cuando en el país vecino el IVA Cultural sufrió un incremento de seis puntos (del 7% al 13%), cuatro de cada diez espectadores dejaron de acudir a las salas. Este dato no influyó en la decisión del Ejecutivo español.
Además, el caso de la música en directo es particular, por el agravio comparativo que sufre con las salas de cine en lo relativo a la otra gran fuente de ingresos paralela a la venta de entradas: el consumo en barras. La hostelería en España se beneficia aún hoy de un IVA reducido al 10% que se aplica en los cines pero no en discotecas y salas de conciertos, que se han quedado excluidos de este estímulo fiscal y tributan al 21%.
Un informe del pasado mes de mayo de la Alianza Empresarial por el Ocio y el Turismo ProNoche valoraba en un -13,5% el descenso en el consumo de bebidas alcohólicas y en una caída del -10% en el consumo de refrescos en el primer trimestre de aplicación del nuevo IVA.
Esta catarata de números confirma que el incremento del tipo impositivo se traduce en menos recaudación y, ya de paso, ha enviado a la cola del paro a un buen puñado de profesionales del sector: del técnico de sonido al barman, el encargado de la limpieza o, por supuesto, el músico.

2. Las subvenciones como propaganda

Hace unos meses, desmontábamos los tópicos que intencionadamente incidían en el carácter parasitario del cine: 66 millones de euros en subvenciones durante el 2013 frente a los 120 que se ha embolsado el PP en el mismo año. Una cifra ridícula si la comparamos con la que reciben sectores como el agrario, el del automóvil o las eléctricas.
La SGAE ha ensuciado gravemente la percepción que el ciudadano medio tiene del músico. Pocos saben que el 10% que la sociedad detrae de la entrada de cada concierto es otro quebradero de cabeza para el promotor de conciertos español, o que el sector cultural es en realidad uno de los menos subvencionados en proporción a su aportación a la riqueza económica del país. Lo cierto es que el rock es el hermano pobre de los diferentes compartimentos que componen ese cajón de sastre que es la cultura.
"El INAEM saca cada año una partida de ayudas para la música, danza, teatro y circo, a las que puede aspirar cualquier artista, empresario o asociación. Normalmente se otorgan a proyectos específicos. Para 2014 han incrementado el presupuesto en un 12%, unos 14 millones de euros en total para las cuatro disciplinas", explica Pascual Egea. El listado de este año puede consultarse en el BOE de 27 de julio de 2013. En una lista de aproximadamente 400 nombres, apenas pueden encontrarse empresas y proyectos que apuesten por el pop en sus diferentes formas.
Entre orfeones, agrupaciones folclóricas e iniciativas vinculadas con la lírica y la música clásica se cuelan menos de una decena de empresas relacionadas con la música "moderna", con subvenciones que en ningún caso superan los 20.000 euros: Everlasting Records (ayuda para una gira del grupo de blues-rock Guadalupe Plata), Artica Booking (para giras de El Columpio Asesino y "otros" por Iberoamérica) y Asociaciones como la Coordinadora Estatal de Salas de Música, Asociación de Promotores Musicales, UFI o Promusicae.
El otro gran programa de subvenciones para el sector arrancó en 2010 bajo el nombre de Girando por salas, con la intención de potenciar el circuito de conciertos fuera de las grandes ciudades. Cada año se benefician del programa 36 artistas, que reciben unos honorarios de 350 euros por músico y concierto (con un límite de cuatro bolos al año). El programa está resultando un éxito en cuanto a visibilidad y participación, pese a que el montante económico total es casi anecdótico.
Las comparaciones entre el pop y el rock y disciplinas como el cine, el teatro o incluso la música clásica son sangrantes: mientras que este 2013 el Teatro Real de Madrid manejó 8,7 millones de euros de subvención de Cultura, y 6,5 el Liceu de Barcelona, festivales como Primavera Sound, Sónar o FIB, con repercusión mundial y un enorme impacto turístico en las ciudades en las que tienen lugar, dependen totalmente para su subsistencia de la venta de entradas y la contratación de patrocinios.

3. El perverso mundo cambiante de las licencias

De un tiempo a esta parte, la clausura de salas y discotecas se ha convertido en noticia-comodín para los diarios. La capital se lleva la palma desde que tuvo lugar el caso Madrid Arena, aún pendiente de sentencia. Como si el Ayuntamiento actuara obsesionado por hacer pagar al sector privado por su responsabilidad como titular y responsable último del lugar en que ocurrió la tragedia.
Es cierto que en los locales nocturnos y salas de conciertos a menudo se excede el aforo permitido y no se cuenta con la Licencia de Actividad en regla. Como también es cierto que el sistema es deliberadamente perverso para permitir el cierre fulminante de un local en cualquier momento.
Fuentes de La Viña, la Asociación Empresarial de Hostelería de la Comunidad de Madrid, lo explican: "El problema es que el aforo de un establecimiento de hostelería no se calcula aplicando exclusivamente el Código Técnico de la Edificación de 2006, que es el relativo a condiciones de seguridad para todos los locales en España. También se tiene en cuenta el Plan General de Urbanismo de Madrid aprobado en 1997, en el que se limita la capacidad de cualquier restaurante a 99 personas; o la de bares de copas, a 49 personas. Y ello independientemente de sus metros cuadrados y de su capacidad de evacuación. Eso está creando problemas en las inspecciones municipales".
Un ejemplo fue el festival Primavera Club 2012, que se celebraba en el espacio público Matadero Madrid y cuyos aforos la Junta Municipal del Distrito de Arganzuela decidió cambiar a dos días vista del arranque del festival: de las 800 personas inicialmente confirmadas a sólo 100. Como era de prever, la organización del festival anunció días después su decisión de abandonar Madrid como sede en los años venideros.
Algo similar sucede en el momento de poner en funcionamiento una sala de conciertos. El supuesto colapso administrativo retrasa la concesión de unas licencias que además exigen reformas constantes para cumplir con la normativa medioambiental y de seguridad. La misma normativa que luce generosa manga ancha en el caso de edificios públicos o grandes superficies comerciales.
"El sistema de expedición de licencias sigue siendo complejo si lo comparas con otros sectores como el comercio, donde existen declaraciones responsables que agilizan la puesta en marcha de actividades", señalan en La Viña.
La tendencia camina en la dirección contraria a las iniciativas de otros países de nuestro entorno, como Reino Unido, que en octubre de 2012 aprobó una ley que permite a salas con capacidad para menos de 200 personas organizar conciertos sin necesidad de una licencia específica, simplemente cumpliendo con unos sencillos requisitos de horario y acondicionamiento.

4. Menores fuera de las salas

La música en directo se enfrenta, además, a otra situación paradójica: la prohibición de entrada a menores. Con la nueva Ley de Espectáculos Públicos y Actividades Recreativas de la Comunidad de Madrid (LEPAR), el simple acceso de un menor a una sala de conciertos se sanciona con multa de 3.006 a 30.050 euros. Si el menor estuviese consumiendo alcohol dentro del local, la multa podría alcanzar los 300.506 euros, la clausura desde seis meses y un día hasta dos años, o la prohibición de la actividad durante el mismo tiempo.
Con el botellón a la orden del día, la norma parece más enfocada a retrasar, o incluso impedir, el acceso de los jóvenes a la música que a enfrentarse a un problema de salud pública.
"La diferencia básica es que en España hemos demonizado la música en directo, mientras que en otros países se fomenta y se apoya. Asistir a un concierto no es un acto de lujuria y perversión pero, al parecer, nuestros políticos no lo entienden así. Los menores de edad no deben beber bebidas alcohólicas, por lo que la Administración ha decidido que no pueden asistir a conciertos en salas de fiestas donde se sirva alcohol. En vez de buscar una fórmula para que puedan asistir a los conciertos y no consumir alcohol, han decidido cortar por lo sano", concluye Pascual Egea.
La percepción general en el sector es que en Madrid existe la consigna de sacar todo tipo de actividad nocturna del distrito Centro y que hay una cruzada contra los locales que programan conciertos.
Decisiones tan desafortunadas y polémicas como el ya famoso casting a los músicos callejeros apuntan a que el modelo que maneja el equipo de Ana Botella, y que ya anteriormente puso en marcha Alberto Ruiz-Gallardón, es el de una ciudad silente, con indultos puntuales que se concretan en los festivales de chotis que de cuando en cuando se programan en la Plaza Mayor.

Fuente: http://www.eldiario.es/cultura/musica/muerte-directo-madrid_0_207879423.html

viernes, 13 de diciembre de 2013

Piden A Consumo Que Investigue Venta De Entradas De Una Macrofiesta De Año Nuevo Por "Vulnerar Derechos De Consumidores"

Cubierta de Moralzarzal
Foto: MADRID WINTER FESTIVAL

El evento de música electrónica actual, de 15 horas de duración, prevé reunir a 9.000 personas en la cubierta de Moralzarzal

   MADRID, 10 Dic. (EUROPA PRESS) -
   La Confederación de Consumidores y Usuarios de Madrid (CECUMadrid) ha pedido a la Dirección de Consumo de la Comunidad de Madrid que investigue la venta de entradas de la macrofiesta 'Madrid Winter Festival' de Año Nuevo preparada en Moralzarzal por "vulnerar los derechos de los consumidores".
   La asociación especifica que en el anuncio en el que se ponen a la venta las entradas los promotores dicen que la entrada más un regalo cuesta 40 euros; "sin embargo en la parte posterior de la entrada aclara que 35 euros es el regalo y 5 euros el concierto".
   CECUMadrid entiende que este anuncio puede vulnerar los derechos de los consumidores por cuanto, en primer, lugar podría pensarse que el precio de la entrada al espectáculo -40 euros- incluye un regalo, y sin embargo en la aclaración posterior "parece  darse a entender que en realidad el precio del espectáculo son cinco euros y los otros 35 lo  son en concepto de regalo".
   Pero además de esto, aseguran que si el precio de la entrada por asistir al espectáculo fuera de tan sólo cinco euros "el derecho a reclamar del usuario se vería notablemente disminuido, ya que sólo podría reclamar por esa cantidad". "Además, podría  haber también un engaño a la Hacienda pública puesto que no es lo mismo declarar por 5 euros que por 35 euros", ha añadido.
   CECUMadrid ha puesto en conocimiento de la Dirección General de Consumo de la Comunidad de Madrid estos hechos, con el fin de que los servicios de inspección comprueben la veracidad de esta denuncia, y en su caso sancionen a esta empresa.

MACROFIESTA DE MÚSICA ELECTRÓNICA

   Una macrofiesta de música electrónica de 15 horas de duración prevé concentrar hasta un total de 9.000 personas el día de Año Nuevo en la cubierta municipal de Moralzarzal, según han informado los convocantes en una nota de prensa.
   De esta forma, el Madrid Winter Festival se convierte, por el momento, en la única macrofiesta de música electrónica que se celebre en un recinto de estas características prevista para el Año Nuevo de 2014 en la región, a parte de las que se celebren en grandes discotecas habituales como Fabrik.
   El Año Nuevo pasado se suspendió la planificada en el recinto municipal de Madrid Arena tras la tragedia de la fiesta de Halloween. Otros eventos, como el Day One, celebrado en una ocasión el 1 de enero en el Palacio de Vislegre o fiestas similares en el Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid no se celebraron en 2013.

LA SEGURIDAD, "UNA OBSESIÓN"

   La organización del Winter Festival ha señalado que la seguridad "ha sido prácticamente una obsesión desde el minuto uno del proyecto". "La elección de recinto y todas las decisiones tomadas hasta la fecha desde la organización parten de la única premisa de garantizar que este particular quede totalmente atado", han afirmado.
   También destacan que el recinto, de propiedad y gestión municipal, "es el más moderno y preparado de cuantos están disponibles en toda la Comunidad de Madrid". De hecho, según apuntan, el recinto cuenta desde su apertura en 2005 de uno de los planes de autoprotección más restrictivos de los recintos de su especie.
   Además, han decidido reducir el aforo del propio recinto en un 15 por ciento (hasta un máximo de 9.000 personas) sobre el establecido legalmente por su propio plan de autoprotección, "con la intención de aportar mayor calidad y espacio, y facilitar cualquier acción en caso de necesidad".

Fuente: http://www.europapress.es/madrid/noticia-piden-consumo-investigue-venta-entradas-macrofiesta-ano-nuevo-vulnerar-derechos-consumidores-20131210150815.html




martes, 3 de diciembre de 2013

Ruta Del bakalao: El Fiestón Entra En El Museo

El Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MUVIM) inaugura hoy la exposición Ídolos pop, que presta especial atención a la llamada "ruta del bakalao" o "ruta destroy".  Hablamos de un fenómeno pionero en la cultura de clubes que se estrelló con la incomprensión mediática, política y policial. Locales como Spook, Espiral, Puzzle, Chocolate o Barraca fueron espacios de investigación sonora y de relación social.
En su etapa final, incluso se convirtieron en templos de peregrinación para cluberos de Francia, Inglaterra y otros puntos de Europa. La muestra estará abierta hasta el próximo dos de marzo. El Confidencial entrevista a cinco personajes claves para comprender aquel periodo, repleto de innovación cultural y problemas con la ley.
Orígenes de un fenómeno interclasista
El nombre 'ruta del bakalao' viene de un artículo de la revista de la Guardia CiviVicente Pizcueta, coordinador de Pronoche, plataforma estatal de empresarios nocturnos: "Nunca me gustó la etiqueta 'ruta del bakalao'. El nombre viene de un artículo en la revista de la Guardia Civil. Coloquialmente, la expresión 'hay bakalao'  significa que 'hay ambiente'. Ellos titularon 'las espinas del bakalao' para referirse a las drogas. En realidad, lo que pasó en Valencia en los años ochenta fue una democratización del ocio nocturno. Antes era patrimonio exclusivo de la burguesía, un espacio pensado para que los hombres pudieran estar con mujeres distintas de la legítima.
¿Qué opciones había cuando no existían estas discotecas? Boites de costumbres trasnochadas y algunos locales hippies relacionados con el jazz. Lo que pasó en Valencia es que nacieron espacios de liberación, impulsados por personas que no venían sólo del mundo de la noche y de la frivolidad. Allí encontrabas desde estudiantes de filosofía (como yo) hasta hijos de represaliados republicanos. Igual que en este país hubo una transición política, esto fue una especie de transición cultural".
Uno de los templos periféricos del bakalao valencianoUno de los templos periféricos del bakalao valenciano
Chimo Bayo, disc-jockey: "Fue una época muy lúdica, de hedonismo de masas. La pena es que en Ibiza esto se fomenta, mientras que aquí se cortó, cuando éramos la punta de lanza de Europa. Fue la última época de libertad, una especie de canto del cisne. La gente que venía era muy normal: currantes de taller mecánico o gente que recogía naranjas en el campo. Hoy esa clase social escucha pop comercial, pero entonces bailaban los sonidos más avanzados de Europa sin darse cuenta. En las radios grandes no sonaban estas canciones, aunque sí en tres emisoras pequeñas de por aquí. Mucha gente tenía que esperar la semana entera para escuchar un tema que le gustaba. Era todo muy romántico".
Joan Manuel Oleaque, profesor de periodismo, autor del libro En èxtasi: "Entrar en la discoteca Chocolate era impactante, al menos para una persona joven. Estaba llena de gente moderna, con un look siniestro radical. La música, en realidad, no era tan oscura. Sonaban Simple Minds, aunque también cosas más duras como Christian Death y Alex Sex Fiend. Se mezclaba pop, rock y música vanguardista con una enorme falta de prejuicios, que era la seña de identidad. No he visto nada parecido hasta las sesiones de 2Many DJs, que triunfaron mucho después. En Spook podían sonar Fletwood Mac y luego un tema tremebundo de música industrial. Recuerdo canciones como "Dead Eyes Opened", del grupo Severed Heads. El disc-jockey Fran Lenaers la pinchaba en dos platos diferentes a la vez para crear un 'efecto eco'. Carlos Simó, de Barraca, tenía la costumbre de romper cualquier disco que hubiera sonado en la radio. Era una actitud muy fuerte, sobre todo para una ciudad donde no había una efervescencia cultural real que no fuera esa.
La ruta modernizó mucho a los pijos. Llegaban a esos locales y se daban cuenta de que allí no eran los protagonistasDurante una época, los disc-jockeys hacían lo que les daba la gana. La gente iba con la mente abierta a escuchar lo que les pusieran. Eso lo he visto en muy pocos sitios. La ruta, además, modernizó mucho a los pijos. Llegaban a esos locales y se daban cuenta de que allí no eran los protagonistas. Toda la atención era para quienes más arriesgaban con el look y los gustos musicales. Esas discotecas fueron espacios interclasistas, algo que no se da tanto ahora. El ambiente era muy horizontal, con un montón de gente de los pueblos y sin los clásicos piques entre tribus urbanas que podías ver en otras capitales. El público tenía claro que iba allí a divertirse".
Flyer de la discoteca ChocolateFlyer de la discoteca ChocolateVicente Pizcueta: "Lo veo como una oportunidad perdida. Podría haber sido la réplica de lo que hizo Londres con el pop-rock o Berlín con la música techno. Perdimos un tren cultural, industrial y turístico. También fue un espacio de libertad para las mujeres. Recordemos que durante el franquismo no podían ni siquiera ir a cenar solas con su novio. Muchas chicas rompieron allí sus barreras sociales.
Tenía atractivo incluso para los extranjeros: yo tenía una amiga francesa, que trabajaba en las actividades infantiles del Centro Pompidou, que estaba deseando venir a Valencia. La ciudad era como una aldea gala resistente donde se respiraba una enorme apertura en las relaciones. Seguramente el sonido Valencia fue una de las primeras veces en que los disc-jockeys pusieron música pensando en los gustos de las chicas. Lo que está pasando ahora mismo en Ibiza ocurrió antes en Valencia. La diferencia es que en los ochenta hubo una respuesta policial, mediática y política muy agresiva. No se comprendió el fenómeno ni hubo un proceso de regulación constructivo".
Drogas y música
La ruta era vista como algo chabacano, macarra y relacionado con las drogasJoan Manuel Oleaque: Durante mucho tiempo, la ruta estuvo mal vista. Se consideraba algo chabacano, relacionado con las drogas. Curiosamente, sí se podía hablar del house y techno, que eran la versión sofisticada, mientras que la ruta se veía demasiado macarra. Por suerte, esto ha ido cambiando. Hace tiempo que hay otras miradas. Con el libro intenté explicar el fenómeno con normalidad, como algo que vivieron decenas de miles de personas.  Tenemos que enfocarlo como se habla en Manchester de discotecas legendarias como The Hacienda (Manchester). Allí lo promocionan desde la oficina de turismo. No me parece lógica esa mirada negativa que hubo sobre la ruta.  Dicho esto, es normal que aquello no se entendiera en un primer momento. Solo podía pillarlo quien hubieran viajado por Europa o hubiera estado en Ibiza. La gente normal lo percibía como una auténtica marcianada. Además, desde los medios, se daba una visión muy negativa".
Discoteca Spook, un clásico de la ruta del bakalaoDiscoteca Spook, un clásico de la ruta del bakalao
Toni Argujio, exgerente de la discoteca Espiral: "La prensa solo hablaba de pastillas y mescalina. Se sepultó la parte cultural. También fueron años de mejora en los sistemas de sonido y de apertura hacia la música independiente, porque entonces dominaba el funky más comercial. Fue importante una tienda que se llamaba Zig Zag, porque traían discos de importación de Londres. Los primeros que tenían acceso al material eran los disc-jockeys de los clubes grandes. Eso empezó a crear curiosidad. Grupos comerciales como ABC o Soft Cell fueron el puente para pasar hacia música más dura, tipo Front 242 o A Split Second. En los primeros años, también sonaron mucho U2 y Simple Minds, aunque ahora muchos no quieran reconocerlo, porque les parece una horterada. Luego hubo progresiones que vinieron por sí solas, pasamos a Damned o PIL y desde allí a sonidos más cercanos al techno.
Flyer incluido en la exposición sobre la rutaFlyer incluido en la exposición sobre la rutaTambién hubo mucha experimentación en la performance. Lo mismo salían unos bailarines maquillados como si se les salieran las tripas que se contrataba a un saxofonista para que tocara unas notas que el DJ empalmaba con los primeros acordes de la canción que iba a poner. Buscábamos sorprender a la gente. Todo creció por el boca a boca. Llegaban autobuses de Albacete, Cuenca y Reus. Un fin de semana venían cuatro amigos de Madrid, al viernes siguiente eran ocho y el siguen dieciséis. Es brutal que ocurriera algo así en una época sin móvil ni redes sociales".
Chimo Bayo: "De esa época recuerdo mucho a Front 242. La primera vez que actuaron en Valencia los traje yo. Cuando acabó su concierto, vinieron a verme pinchar y se quedaron flipados de la cantidad de gente que bailaba sus canciones. En otros sitios se consideraban demasiado extremas para una discoteca. En Valencia se cantaban Headhunter o Welcome To Paradise. La exposición es un homenaje tardío, pero merecido, a todo lo que pasó en los años de la ruta.
En la ciudad hubo disc-jockeys muy buenos como Kike Jaén, Carlos Simó, Arturo Roger, José Conca, los gemelos de Puzzle o Toni "el gitano". Tenían mucha técnica y gusto musical. Yo actuaba en la discoteca Arsenal, pinchando o cantando sobre bases, luego pasé a El Templo y edité mi primer disco en 1991. Es cierto que después hubo cierta decadencia y masificación, pero el sonido Valencia aportó mucho.  Lo que quiero dejar claro es que yo sigo en activo. Que no crea la gente que me he retirado, ni cosas por el estilo. Actúo casi todos los fines de semana. Viene mucha gente de veinte años a verme".


Decadencia y política

Toni Arguijo: "El problema es que los locales se masificaron mucho a partir de 1987. Los aforos eran de dos mil personas y se acabó poniendo música en los parkings. Había unos atascos enormes que molestaban a los vecinos. Espiral tiene el dudoso honor de ser la única discoteca cerrada por el gobierno civil. Abrimos en mitad de un campo de peras. Poco a poco, fueron apareciendo chalets y empezaron las denuncias por ruidos, malos aparcamiento o porque la gente saltaba borracha a las piscinas. El motivo real del cierre es que éramos los únicos que no estaban en la misma carretera que las demás. Espiral estaba sola en la zona norte de Valencia. Querían dar un escarmiento y nos tocó a nosotros porque si cerraban una del sur tendrían que haber cerrado todas.
Un alcalde del PSOE se presentó a las elecciones prometiendo cerrar nuestra discotecaUn alcalde del PSOE se presentó a las elecciones prometiendo cerrar nuestra discoteca. No tengo rencor por eso, pero tengo que decir que la expresión 'ruta del bakalao' nunca ha gustado a los responsables de las discotecas. Siempre lo hemos visto como algo  problemático impuesta desde Madrid".
Carles Biano, disc-jockey del colectivo Orxata Soundsystem: "Yo nací en 1984, pero te puedo contar algunos recuerdos: por ejemplo, ir de excursión a la montaña y encontrarte ahí una rave (fiesta electrónica autoorganizada, que se celebra al aire libre). También me impactaba ver tantos coches llenos de pegatinas de discotecas o que algún familiar llegara a una comida del domingo después de estar toda la noche de fiesta.  
A final de los noventa, algunas discotecas pinchaban una versión makinera del himno del PPEn la época de la mákina hubo cierta apropiación por parte de gente de la derecha, incluso de extrema derecha, muy nacionalista española. Desde entonces, en los ambientes de izquierda la música electrónica empezó a estar muy mal vista, aunque había colectivos libertarios que sí vivieron la ruta. En los años del declive, a final de los noventa, algunas discotecas pinchaban una versión makinera del himno del PP. Esto me lo contaban compañeros del instituto de primera mano."
Joan Manuel Oleaque: "En la época final, cuando empezó a llamarse 'ruta del bakalao', hubo un bajón muy fuerte de calidad. Hablo de los años de mákina y el hardcore. No tengo nada contra esos estilos, pero las discotecas estaban tan masificadas que parecía que la consigna fuera 'cuanto más comercial, mejor'. Se hacían discos como churros, se pinchaba cualquier cosa que te trajese un amigo, se perdió toda la energía vanguardista. Las discotecas grandes siempre mantuvieron cierto nivel, pero había un montón de locales donde valía todo. No sólo en Valencia, sino también en Madrid, Barcelona y Sevilla. En general, eran salas que no daban la talla, tenían el listón musical muy bajo".
Carles Biano: "Ahora mismo, en Valencia, estamos en las antípodas de lo que pasaba en la ruta. Todo es muy estricto con los horarios, los permisos y los niveles de volumen. No tengo claro si es culpa de la comunidad o de la normativa europea. En la ruta las sesiones eran de nueve horas. Se hacían fiestas con más pausa y tranquilidad. Según me han contado, a las cinco de la mañana te podías encontrar una paella, una performance o un concierto. O salías a la terraza y habían montado un show de tres baterías. Se notaban muchas ganas de sorprender, de ofrecer cosas que no pudieran obtenerse en otro sitio. 
Para mí, la rehabilitación de la ruta empezó con internet, cuando la gente que vivió aquello se puso a colgar en la red posters, flyers y recuerdos, que rompieron con esa imagen intimidante que había transmitido la televisión y los periódicos. Durante unos años, Orxata Soundystem estuvimos vetados en las fiestas de muchos colectivos de izquierda por reivindicar la ruta. Para ellos era una cosa que tenía que ver con las drogas y la derecha. Ahora hay gente menor de treinta que estamos reivindicando las fiestas populares, sean las fallas o la ruta del bakalao".

Fuente: http://www.elconfidencial.com/cultura/2013-11-28/ruta-del-bakalao-el-fieston-entra-en-el-museo_59646/

domingo, 8 de septiembre de 2013

Quien Manda En La Música En Directo En España

Una opinión sobre el acceso de menores a conciertos que me ha gustado tal y como la expone, bastante simple y sencilla para la comparación que música y drogas no están tan unidas como se cree.




No entiendo por qué no he escrito antes de esto, cuando lo he hablado tantísimas veces con amigos: es una vergüenza que en España llevemos años aceptando pasivamente el lamentable hecho de que en las salas de conciertos de este país no puedan entrar menores de 18 años. Es una jodida pesadilla.
Este país, como para tantas otras cosas, se está convirtiendo en el sumidero de la música y en el paraíso de ladrones, defraudadores, tramposos y vecinos malencarados. Un disparate.
El amor por la música empieza a manifestarse a edades muy tempranas. Desde los 2 ó 3 años, un niño es capaz de diferenciar sonidos y con 5 puede diferenciar todas las notas musicales. El ritmo lo llevamos todas las personas dentro desde el mismo nacimiento y lo marca el latido del corazón. Si los padres son sensibles a la música y tienen cierta afición por la misma, lo normal es que los niños estén expuestos a los discos y las canciones que se escuchan en casa o en el coche, sin contar, por supuesto, las canciones que les cantan en el colegio y que sirven para que aprendan, de una manera divertida, los misterios más fáciles de la vida. Es decir: las personas estamos expuestas a la música desde el principio del principio. Hay estudios, como el de Rene Van de Carr, que aseguran que un feto de 33 semanas acaba respirando al ritmo de la música a la que está expuesto. Se puede leer más aquí (en inglés). Hay otros estudios que no lo afirman de manera tan tajante pero, importante, no lo niegan en absoluto. Por tanto, no es complicado concluir que LA MÚSICA ES BUENA PARA EL SER HUMANO. Hasta aquí todos de acuerdo.
El problema empieza a partir de los 10-12 años: el niño empieza a tener sus propios gustos, a desarrollar su curiosidad y a emanciparse poco a poco de la corriente principal que marca los padres. Recuerdo con una sonrisa de oreja a oreja mi primera cinta de cassette, que marcó el verano de 1988, cuando Clara, la chica que nos cuidaba cuando mis padres tenían cosas que hacer, me la grabó. Era el Tunnel of Love de Bruce Springsteen y acabó desgastada de tanto rolar. Después de esa vinieron muchísimas más y luego miles de discos más (creo que este link ya lo he puesto, pero por si acaso: mi colección de discos actual). Y aquí empieza el dilema-barra-conflicto: ¿Cuál es el siguiente paso a la pasión por los discos? Fácil: los conciertos. No hay que ser el jefe de neurocirugía de un hospital nórdico para adivinar que una cosa lleva a la otra y que no hay nada malo en este proceso. Sin embargo, la cultura del miedo que estaba instalada en nuestra sociedad durante los 80 (mitad por el hecho de que salíamos de una dictadura, mitad porque los 80 fueron años muy complicados en cuanto a juventud y drogas se refiere), hicieron pensar a algunos padres que el camino que emprendían sus hijos era un camino que implicaba perversión, yonkismo, maldad, música y muerte. Ojo: mis padres entre ellos. Pero qué va (“ojalá”, he escuchado decir a muchos). La droga o el alcohol están instalados en la cultura del ocio, pero no son elementos exclusivos de la música. ¿Hay público de los conciertos que bebe y se droga? Sin duda. ¿Son todos? No. Lo mismo ocurre con los músicos. Y diría que los porcentajes de participación son similares en cualquier subgénero de ocio al que nos refiramos.
 Nirvana+1992-07-03+Madrid+2 Nirvana+1994-02-08+Madrid+3A los 14 años vi a Nirvana en directo (y repetí a los 15 ó 16) y a esa misma edad fui a mis primeros conciertos. Los años de instituto fueron una tensión constante entre los conciertos a los que me dejaban ir, los conciertos a los que iba y los conciertos a los que mis padres no me dejaban asistir. Aun así, pude vivir noches inolvidables con Metallica, Guns N’ Roses, Sick of it All, Bad Religion, Faith No More, L7 Therapy?, Pantera, R.E.M., Sepultura, Biohazard… El impacto de aquello transformó mi vida para siempre. Luego vinieron festivales, más conciertos y viajes fuera de mi ciudad para ver a bandas que no pasaban por Madrid. Mis padres acabaron por entenderlo.
Hoy en día, ningún menor de 18 años puede entrar en conciertos. Con esa edad yo ya había visto a más de 150 bandas en directo. Ya había experimentado más de 150 veces miles de sensaciones diferentes que contribuyeron positivamente a la formación de mi personalidad. Ya había visto cosas, había sacado mis propias conclusiones, había conocido a gente con la que luego entablé una amistad verdadera, había gritado, había dormido en paradas de autobús, había perdido metros, había dormido en tiendas de campaña para ver a Beastie Boys o a Nick Cave y había decidido no probar ni una gota de alcohol (empecé a beber a los 24 años).
Sin embargo, hoy la cosa es MUY diferente: hoy un menor de 18 años tiene cercenada la posibilidad de experimentar todas esas cosas delante de un grupo de música y dentro de una sala de conciertos (da igual el aforo). ¿Por qué? Porque desde que en España aumentó de 16 a 18 años la edad para consumir bebidas alcohólicas, también aumentó la edad para entrar a conciertos. (Nota: los conciertos que vi por debajo de esa edad fue porque me colé con un DNI falso -win!- o porque iba acompañado de un adulto). ¿NO ES INCREÍBLE? Sí, señor. En este país, para esto, MANDAN LAS MARCAS DE ALCOHOL. Lo explico: Las autoridades prohíben a un menor de 18 años estar en un recinto cerrado donde se venda alcohol. A pesar de ello, los menores de edad pueden asistir a los festivales de música (también cerrados) acompañados de un adulto. Y allí también se vende alcohol (de hecho, se vende mucho más alcohol que en cualquier otro sitio). Curiosamente, cualquier menor de edad puede acudir al fútbol donde, ejem, en la mayoría de las ocasiones esos menores están expuestos a conductas muchísimo más peligrosas (insultos, consumo de alcohol de manera ilegal -está prohibido venderlo e introducirlo, pero se introduce y se bebe- y conductas violentas: simbología nazi, cánticos racistas y, en general, actitudes provocadoras contra los aficionados y equipo contrarios). Y otra buena: la edad mínima para acudir a una corrida de toros es de 12 años. En otros sectores de ocio -en un cine, un teatro, un parque de atracciones o una hamburguesería-, se vende alcohol. Y si uno es un poco avispado, lo puede comprar y consumir siendo menor de 18 años.
De todas formas, cualquier comparación se queda en los huesos si tenemos en cuenta que cualquier menor puede entrar A UN BAR. ¿Cuál es la diferencia entre un bar y una sala de conciertos? El grupo en directo. Me desespero, maldita sea.
Straight-edge-XEn Estados Unidos, un país con el que deberíamos compararnos en este sentido, la edad para consumir alcohol en muchos estados son los 21 años. Sin embargo, no existe una normativa nacional que regule la edad de los asistentes a los conciertos. Allí la música importa. En Nueva York o en San Francisco, se puede consumir hasta vino (¡¡¡copas de vino, en serio!!!) en conciertos de música alternativa. ¿Cómo evitan los clubes que menores consuman? Con las míticas ‘X’ en las manos, que luego fueron el símbolo del movimiento Straight Edge dentro del punk y el hardcore.
Amigos: movilicémonos para que nuestros menores puedan desarrollar su pasión por la música igual que ocurre en cualquier país civilizado normal, y que no sean las marcas de alcohol las que dicten el cómo y el cuándo en nuestras salas de conciertos.

Fuente: http://xthesecretsocietyx.wordpress.com/2013/08/29/quien-manda-en-la-musica-en-directo-en-espana/